
El auge de las inversiones pasivas condujo a la oferta creciente de fondos de inversión o fondos pasivos, conocidos como ETFs, que abren la puerta a oportunidades de diversificación sencilla en nuestros portafolios.
Esto abrió las puertas a un sinfín de oportunidades de inversión, pero también nos llama a estudiar las diferentes clases de activos a los que podemos apostar nuestro capital.
En esta entrada del blog de Folionet nos detendremos a explicar las diferencias entre las dos clases de ETFs más populares: los indexados y los de gestión activa.
Al final de este artículo estarás más preparado para saber cuál es la mejor opción según tus objetivos de inversión y perfil de riesgo.
En nuestra guía sobre ETFs explicamos que esta clase de activo representa una cesta de acciones y su desempeño suele imitar índices de mercado. Por ello, un ETF es la manera más directa de diversificar nuestras inversiones a la par que imitamos el desempeño de la bolsa sin la necesidad de comprar acciones individuales.
En las últimas décadas, los ETFs ganaron popularidad por su uso como activos de inversión pasiva para personas inexpertas en los mercados. Especialmente con instrumentos que imitan el desempeño de los índices Nasdaq y el S&P 500, su uso se expandió y hoy crecen en popularidad.
Sin embargo, este universo está integrado por dos filosofías diferentes. Por un lado, los ETFs pasivos (los más populares) suelen gestionarse de forma automática y la cesta de acciones que los integran siempre es similar al índice que representan. Por ello, un ETF del Nasdaq imita lo que sucede en el Nasdaq y sus acciones.
Alternativamente, un nuevo tipo de fondo surgió a la par. Los fondos de gestión activa. Estos ETFs no buscan imitar el desempeño de índices directamente y, por el contrario, buscan retornos superiores e independientes del mercado. Para ello, suelen emplear estrategias de inversión avanzadas y se publicitan como una alternativa temática a la pasividad de sus rivales.
Un fondo indexado es un ETF de inversión diseñado para replicar el comportamiento de un índice de mercado. En lugar de seleccionar acciones de forma discrecional, el fondo compra los mismos activos que componen el índice en proporciones similares.
Aunque para muchos suenan como una opción “aburrida”, son la alternativa más popular en cuentas de retiro e inversores inexpertos.
Los fondos activos, por su lado, parten de la teoría de que los mercados no son eficientes y existen oportunidades para ganarle a los índices y su desempeño.
Mientras que un ETF tradicional busca imitar el desempeño anual, uno activo busca diferenciarse y superarlo con creces (si es posible).
La existencia de alternativas nos conduce a plantearnos cuál es la mejor opción para nuestro portafolio.
Los fondos indexados suelen ofrecer un alto nivel de diversificación, ya que replican índices que incluyen muchas empresas. Los fondos activos, en cambio, suelen tener portafolios más concentrados. Esta diferencia refleja dos filosofías distintas: mientras la inversión pasiva apuesta por la diversificación amplia, la gestión activa busca generar valor mediante decisiones más selectivas.
Para elegir, lo mejor que podemos hacer es considerar nuestro perfil y reflexionar sobre lo que esperamos. Nos podemos preguntar: ¿soy un inversor que va con la corriente del mercado o soy uno que quiere diferenciarse sin importar el riesgo?
En la respuesta a esa pregunta encontraremos cuál es la mejor opción.
Existe una discusión muy común sobre si la búsqueda de “alpha” vale la pena o imitar al mercado es la mejor opción.
Los resultados muestran que, en promedio, una gran parte de los fondos activos no logra superar al mercado después de comisiones, especialmente en horizontes largos de inversión. Esto ha reforzado el argumento a favor de la inversión pasiva.
Sin embargo, fondos activos han tenido años de gran desempeño, especialmente aquellos centrados en tecnología o semiconductores. Pero la tendencia en el largo plazo se inclina por la pasividad ante el reto de superar al mercado.
En otras palabras, aunque la inversión pasiva ha demostrado ser muy eficiente para capturar el rendimiento del mercado, la gestión activa puede tener valor en determinadas circunstancias.
En las últimas décadas, los fondos indexados han ganado enorme popularidad. Los ETFs han democratizado el acceso a estrategias de inversión que antes estaban disponibles principalmente para instituciones. Hoy, cualquier inversionista puede obtener exposición a mercados globales, sectores específicos o incluso estrategias temáticas mediante ETFs.
Este desarrollo ha impulsado el crecimiento de la inversión pasiva y ha cambiado profundamente la industria de gestión de activos.
Mientras tanto, los fondos de gestión activa representan una alternativa para inversiones diferenciadas y riesgosas.
Para muchos, la solución no es elegir exclusivamente uno u otro, sino encontrar una combinación que equilibre eficiencia, flexibilidad y diversificación.
Al final del día, nuestras decisiones deben reflejar lo que esperamos obtener del mercado y los riesgos que estamos dispuestos a asumir, por lo que la decisión entre uno u otro depende de nuestras circunstancias y metas.