
Invertir se convirtió en un proceso cada vez más sencillo, pero que conlleva cuestiones que antes se ignoraban. Una de las principales preguntas que surgen de esta nueva realidad es sobre qué acciones comprar o cuál es la mejor manera de administrar nuestras inversiones. Esto suele plantearnos la duda de si el mejor camino son las acciones individuales o los ETFs y cómo nos podemos beneficiar de cada uno.
En esta entrada del blog nos detendremos a analizar las diferencias entre ETFs y acciones para entender cuál es su función y ayudarnos en el proceso de inversión.
Un ETF, o “Exchange Traded Fund”, es un fondo de inversión que cotiza en bolsa y cuyo objetivo es replicar el comportamiento de un índice o sector.
Un ETF combina dos aspectos clave: la exposición a los mercados y la diversificación. A diferencia de lo que sucede al comprar una acción, un ETF está diversificado y su riesgo suele ser menor, pues su desempeño depende de un gran grupo de empresas y no de una sola. Al mismo tiempo, los ETFs suelen intentar imitar el comportamiento del mercado, por lo que nuestras posiciones pueden ser pasivas y moverse con los principales índices, algo que no necesariamente sucede con acciones individuales.
Al comprar una canasta de empresas, los ETFs mitigan riesgos del mercado y los distribuyen entre muchos participantes. Por ello, se han convertido en una alternativa popular para inversión pasiva y cuentas de retiro.
Alternativamente, comprar acciones nos permite tener exposición directa al desempeño de una compañía, por lo que existe mayor potencial de ganancias, pero implica mayores riesgos. Este enfoque requiere:
Una de las ventajas principales de las acciones individuales es la posibilidad de concentración. Cuando un inversionista tiene alta convicción en una empresa y esta se desempeña excepcionalmente bien, el retorno puede superar ampliamente al mercado. Casos como Apple, Amazon o Nvidia han demostrado que una sola acción bien elegida puede generar rendimientos extraordinarios a largo plazo.
Este potencial, sin embargo, viene acompañado de mayor riesgo, ya que el desempeño del portafolio depende en gran medida de decisiones específicas. Comprar acciones individuales puede ser una fuente de retorno muy significativa si seleccionamos la empresa correcta, pero también puede afectar nuestro portafolio de forma negativa en épocas de incertidumbre o mal desempeño empresarial.
Al comparar ETFs y acciones individuales, el riesgo es uno de los factores más importantes:
Es importante entender cuáles objetivos deseamos ver en el corto, mediano y largo plazo:
A largo plazo, tanto ETFs como acciones pueden beneficiarse del crecimiento del mercado, pero los ETFs ofrecen una trayectoria más estable y predecible. En muchos casos, la mejor decisión es combinar ambos de forma estratégica, utilizando ETFs como base del portafolio y acciones individuales como satélites para capturar oportunidades específicas.
Invertir nuestro dinero es más sencillo que nunca, pero el acceso a los mercados plantea dudas sobre cómo proceder:
Esta distinción es clave: una cuenta autogestionada abre las puertas a comprar acciones que nos interesen, mientras que una cuenta asesorada nos permite invertir pensando en el futuro.
La comparación entre ETF y acciones individuales no tiene una respuesta única ni universal:
En última instancia, la clave de las inversiones suele estar más relacionada a una buena estrategia y decisiones que a la clase de activo que decidimos. Ya sea a través de una cuenta autogestionada o asesorada, lo importante es que la elección responda a un plan claro, un horizonte definido y una visión de largo plazo.